La Bioética.
El desarrollo científico y técnico ha aportado a la humanidad indudables beneficios, tales como la
posibilidad de superar la miseria de vastos sectores de la población mundial, la de elevar los niveles
de educación y salud. Sin embargo, genera también problemas morales inéditos relacionados con
posibles daños irreversibles a la vida humana individual y/o de la especie. La bioética consiste,
precisamente, en una reflexión ética aplicada a esos problemas relacionados con la manipulación
técnica de la vida y del medio ambiente.
Varios de esos problemas dicen relación con dos etapas de la vida humana. En relación a la
primera etapa, se generan interrogantes referentes al estatuto ontológico del embrión; vale decir,
acerca de cuál sería el momento del desarrollo en que debe considerárselo como ser humano y, por
consiguiente, como sujeto de derechos tales como el de protección de su vida y su integridad. En
relación a la segunda etapa, surgen interrogantes referentes a cuál podría ser el concepto de “muerte
digna”, tendiente a evitar tanto una cruel prolongación artificial de la vida humana como atentados
contra la vida de enfermos cuya debilidad misma exige especial atención.
Los principios bioéticos y sus raíces en la tradición ética occidental:
A. Principio de autonomía
B. Principio de beneficencia
C. Principio de no-maleficencia
D. Principio de justicia
A. PRINCIPIO DE AUTONOMÍA
En la ética civil, la autonomía se entiende como el derecho que tiene toda persona a formular y
desarrollar su proyecto personal de vida de acuerdo a sus propios ideales de perfección y felicidad,
siempre que con ello no perjudique a otros.
En el ámbito de la ética médica, la autonomía se entiende como el derecho del paciente a decidir
sobre su propio cuerpo y, en general, sobre sí mismo, disponiendo de información adecuada e independientemente
de toda coacción. Se hace referencia a este derecho del paciente con el nombre de
“consentimiento informado”.
B. PRINCIPIO DE BENEFICENCIA
Tiene sus raíces en la ética médica: sanar al paciente, lo que implica beneficiarlo.
En el ámbito de la ética civil, el principio de beneficencia se expresa en la noción de que debemos
hacer el bien a los demás. Sin embargo, como resulta legítimo que cada uno tenga su propia concepción de lo que es la vida buena y la felicidad, no es fácil definir en qué consiste hacer el bien.
C. PRINCIPIO DE NO-MALEFICENCIA
Reconoce la misma raíz que el principio de beneficencia, con el que originalmente estaba integrado;
pero se separa de éste y recibe una formulación independiente cuando se toma conciencia de que la
obligación de no hacer daño a otros es más básica y exigente que la de hacerles el bien.
146 Cuarto Año Medio Filosofía y Psicología Ministerio de Educación
En la ética civil, el principio de no-maleficencia se traduce en el deber fundamental de no hacer
daño a los demás, deber que nos es impuesto por la ley como condición indispensable de la vida en
sociedad.
D. PRINCIPIO DE JUSTICIA
Proviene de la tradición filosófico-política dentro de la cual se lo ha concebido como la obligación
de dar a cada uno lo que le corresponde, teniendo en cuenta la equidad; esto es, considerando los
aportes de cada cual al bien común, pero cuidando especialmente que se satisfagan por lo menos las
necesidades mínimas de los más postergados.
Los principios de no-maleficencia y de justicia pueden ser considerados como expresión del
deber de no discriminación. El primero, ordena la no discriminación en el ámbito biológico, esto es,
las personas no deben ser perjudicadas por el hecho de pertenecer a una raza, a un género, a un
grupo etario. El segundo, persigue el mismo objetivo en el ámbito social. Los dos, entonces, pueden
ser considerados como distintas expresiones del deber de no-maleficencia.
Jerarquía de los principios
Cuando intentamos aplicar estos principios para resolver problemas morales vemos que éstos representan, fundamentalmente, conflictos entre principios. Resolverlos implica la necesidad de elegir, no entre un bien y un mal, lo cual pudiera resultar fácil, sino entre dos bienes; vale decir, nos vemos obligados a otorgar prioridad a un principio en desmedro del otro.
El desarrollo científico y técnico ha aportado a la humanidad indudables beneficios, tales como la
posibilidad de superar la miseria de vastos sectores de la población mundial, la de elevar los niveles
de educación y salud. Sin embargo, genera también problemas morales inéditos relacionados con
posibles daños irreversibles a la vida humana individual y/o de la especie. La bioética consiste,
precisamente, en una reflexión ética aplicada a esos problemas relacionados con la manipulación
técnica de la vida y del medio ambiente.
Varios de esos problemas dicen relación con dos etapas de la vida humana. En relación a la
primera etapa, se generan interrogantes referentes al estatuto ontológico del embrión; vale decir,
acerca de cuál sería el momento del desarrollo en que debe considerárselo como ser humano y, por
consiguiente, como sujeto de derechos tales como el de protección de su vida y su integridad. En
relación a la segunda etapa, surgen interrogantes referentes a cuál podría ser el concepto de “muerte
digna”, tendiente a evitar tanto una cruel prolongación artificial de la vida humana como atentados
contra la vida de enfermos cuya debilidad misma exige especial atención.
Los principios bioéticos y sus raíces en la tradición ética occidental:
A. Principio de autonomía
B. Principio de beneficencia
C. Principio de no-maleficencia
D. Principio de justicia
A. PRINCIPIO DE AUTONOMÍA
En la ética civil, la autonomía se entiende como el derecho que tiene toda persona a formular y
desarrollar su proyecto personal de vida de acuerdo a sus propios ideales de perfección y felicidad,
siempre que con ello no perjudique a otros.
En el ámbito de la ética médica, la autonomía se entiende como el derecho del paciente a decidir
sobre su propio cuerpo y, en general, sobre sí mismo, disponiendo de información adecuada e independientemente
de toda coacción. Se hace referencia a este derecho del paciente con el nombre de
“consentimiento informado”.
B. PRINCIPIO DE BENEFICENCIA
Tiene sus raíces en la ética médica: sanar al paciente, lo que implica beneficiarlo.
En el ámbito de la ética civil, el principio de beneficencia se expresa en la noción de que debemos
hacer el bien a los demás. Sin embargo, como resulta legítimo que cada uno tenga su propia concepción de lo que es la vida buena y la felicidad, no es fácil definir en qué consiste hacer el bien.
C. PRINCIPIO DE NO-MALEFICENCIA
Reconoce la misma raíz que el principio de beneficencia, con el que originalmente estaba integrado;
pero se separa de éste y recibe una formulación independiente cuando se toma conciencia de que la
obligación de no hacer daño a otros es más básica y exigente que la de hacerles el bien.
146 Cuarto Año Medio Filosofía y Psicología Ministerio de Educación
En la ética civil, el principio de no-maleficencia se traduce en el deber fundamental de no hacer
daño a los demás, deber que nos es impuesto por la ley como condición indispensable de la vida en
sociedad.
D. PRINCIPIO DE JUSTICIA
Proviene de la tradición filosófico-política dentro de la cual se lo ha concebido como la obligación
de dar a cada uno lo que le corresponde, teniendo en cuenta la equidad; esto es, considerando los
aportes de cada cual al bien común, pero cuidando especialmente que se satisfagan por lo menos las
necesidades mínimas de los más postergados.
Los principios de no-maleficencia y de justicia pueden ser considerados como expresión del
deber de no discriminación. El primero, ordena la no discriminación en el ámbito biológico, esto es,
las personas no deben ser perjudicadas por el hecho de pertenecer a una raza, a un género, a un
grupo etario. El segundo, persigue el mismo objetivo en el ámbito social. Los dos, entonces, pueden
ser considerados como distintas expresiones del deber de no-maleficencia.
Jerarquía de los principios
Cuando intentamos aplicar estos principios para resolver problemas morales vemos que éstos representan, fundamentalmente, conflictos entre principios. Resolverlos implica la necesidad de elegir, no entre un bien y un mal, lo cual pudiera resultar fácil, sino entre dos bienes; vale decir, nos vemos obligados a otorgar prioridad a un principio en desmedro del otro.
Comentarios
Publicar un comentario